EL DIA DE LOS FIELES DIFUNTOS

“Y cuando me muera, cantará mi calavera”

Hoy día, dos de Noviembre en el Cuzco, es el día de los muertos. Sus almas ya han empezado  a volver desde la media noche anterior para rencontrarse con los vivos. Vienen con hambre y sed, por eso hay que esperarlas con su comida y su vasito de agua cristalina – mejor si es de manantial- ; velas encendidas, incienso y algunas reliquias para que no olviden cómo eran.

Si el día amanece con sol, es que están contentas las almas benditas, que se les ha recordado bien. Si en cambio, llueve o peor graniza, es que están tristes o enojados, que no se han sentido atendidos; como dijera aquel soldado español en el siglo XVI: “… en esta tierra siguen gobernando los muertos…” todo noviembre es para ellas.

La muerte en el Cuzco es la continuación de la vida. Es solo que algunos se adelantan de “esta vida” a la “otra”. Como en el Ayamarka* de los inkas; hoy, los cementerios lucen atestados de gente: las flores se venden a precio de oro y las tumbas lucen floridas y alegradas por el estruendo de las canciones que en vida tanto les gustaban. Así volverán alegres al más allá, antes de la medianoche.

Se les ofrece comida, bebida y largas conversaciones como en vida hubieran deseado. El dolor cede a la alegría y si aparece algún buen rezador en latín y quechua, hay que pedirle un buen responso para el descanso y la paz eterna. Que no hay nada más triste en este mundo que un alma de pena, olvidada, sin padre ni hijo que siquiera le rece  aunque sea, un mal padrenuestro.

David Rodríguez Taiña 

*Ayamarka: mes de los muertos en tiempo de los inkas: siglos XIV – XV

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